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| Mi gatita Lluvia |
Una de mis varias aficiones son los gatos; y es indudable el vínculo entre las artes y este pequeño felino, desde la plástica hasta la cinematografía y desde la música hasta el teatro, los gatos han ocupado un lugar especial, robando la atención de espectadores y otras tantas dando la inspiración a muchos de los grandes genios del arte que han existido; así como el arte es agradable a los sentidos, los mininos son una suerte de obras de arte ambulatorio, llevando con ellos a todos lados y en todo momento, un perfecto balance de delicadeza y fuerza que todo artista busca en una obra, siendo así gato y artista, un reflejo de sus almas, con cambios imprevistos y hasta incomprendidos en su actuar, pero siempre fieles a su vida y obra.
Gato loco
Lo he calumniado. Le he llamado el gato loco; he dicho que necesitaba un siquiatra. Me he burlado de él torpemente.
En cuanto empieza a oscurecer, mientras la gata se acomoda en los sillones de la sala, el gato bizco comienza su ronda nocturna: da doce o quince vueltas alrededor, dentro de mi cuarto, pegado a las paredes, debajo de la cama, detrás del buró, con un itinerario fijo e insistente; luego sale al patio y se pasa toda la noche, pero toda la noche, dando vueltas y vueltas, maullando quedamente, lastimeramente, a un ritmo preciso, como buscando algo, alguien, tenazmente. El paso es veloz, su actitud alerta, inquisitiva.
A las siete de la mañana, más o menos, se viene a dormir. Y así todos los días.
Me preguntaba si se sentía prisionero, angustiado o qué. Hoy me he dado cuenta que es sólo un oficio: él patrulla la casa contra fantasmas, malas vibraciones y extraterrestres.
De aquí en adelante le llamaré el patrullero de la noche, el vigilante del amanecer.
Jaime Sabines.